**Cultivos de invierno bajo advertencia: encarecimiento por conflictos globales y la necesidad de cosechas superiores**
abril 18, 2026La próxima temporada de siembra de cultivos de invierno (2026/27) se presenta con un panorama financiero intrincado, particularmente para el trigo, lo que ha generado preocupación entre los productores agrícolas y otros eslabones de la cadena productiva nacional.
El incremento de los costos de producción, directamente influenciado por el conflicto en Medio Oriente, ha elevado los rendimientos de equilibrio necesarios para la rentabilidad en aproximadamente 100 kilogramos por hectárea, tanto para trigo como para cebada y colza, cifras que ya eran considerables el año anterior. Esta situación bélica y sus repercusiones auguran una persistente incertidumbre en los próximos meses respecto a los precios de insumos cruciales como los fertilizantes nitrogenados (para la segunda aplicación en julio/agosto) y el combustible (para la cosecha en noviembre/diciembre). Además, los agricultores enfrentan el riesgo de una primavera con abundantes lluvias, característica del fenómeno de El Niño, lo que representa una amenaza significativa, especialmente para los cereales. Las precipitaciones recientes ya han complicado aún más la campaña de verano, que está en su fase final.
En cuanto a los gastos de la campaña de invierno, la partida más volátil e impredecible son los fertilizantes nitrogenados, que constituyen el mayor impacto en la estructura de costos.
**Nuevo récord de oleaginosas invernales**
En medio de tantas incertidumbres, una tendencia clara emerge: se sembrará la máxima extensión posible de oleaginosas de invierno. Las proyecciones de las empresas semilleras, basadas en la demanda, indican que la superficie podría rondar las 400 mil hectáreas, combinando colza, carinata y camelina, aunque los planes comerciales de esta última aún no se habían divulgado. La colza, por sí sola, podría alcanzar las 350 mil hectáreas, superando el máximo histórico de 348 mil hectáreas registrado en 2023; de hecho, las variedades de semillas más solicitadas ya están agotadas. Esta es la señal más evidente de la preferencia del productor, quien se enfrenta a un mercado triguero poco atractivo y a unas perspectivas para la cebada que ofrecen márgenes muy estrechos, a pesar de una leve mejora de precios en el último mes.
**La colza lidera el campo**
Entre los agricultores miembros de la Federación de grupos CREA (Fucrea), la colza escaló del tercer al primer puesto en superficie cultivada en la zafra 2025. Fue el cultivo predominante por primera vez, pasando de 17.894 a 30.912 hectáreas, un aumento del 73% entre 2024 y 2025. El trigo, en cambio, experimentó un descenso del 12% (de 33.200 a 29.200 hectáreas), y la cebada cayó un 20%, de 27.000 a 21.500 hectáreas, dentro de un área total récord de más de 93 mil hectáreas en Fucrea. Otros cultivos, principalmente carinata y forrajeras, vieron un aumento del 45% en su superficie, llegando a 11.700 hectáreas. Para el presente año, se anticipan pocos cambios en esta distribución, según señaló el asesor Gonzalo Invernizzi en la Jornada de Cultivos de Invierno de Fucrea el pasado 8 de abril.
En este contexto, la colza destaca por su mejor adaptabilidad a primaveras lluviosas y, en combinación con la soja de segunda, ha generado históricamente los mejores resultados económicos del sistema, superando la rotación trigo-soja, explicó Mathías Soumastre, técnico de Fucrea. Sin embargo, las decisiones económicas deben sopesarse con las consideraciones agronómicas; la repetición constante de colza o cualquier brásica aumenta los riesgos sanitarios, por lo que, a pesar de las grandes diferencias de precios, los cambios en la superficie cultivada no suelen ser drásticos.
**Presupuestos de Sofoval: el trigo, al límite**
El presupuesto para la siembra de trigo se incrementa en US$ 97 respecto a 2025, situándose en US$ 890 por hectárea (sin considerar renta ni imprevistos), según el informe de costos de Sofoval publicado el 9 de abril. El rendimiento de equilibrio asciende de 4.200 a 4.300 kilos por hectárea, con una producción estimada de 4.500 kg/ha. Si se contempla el arrendamiento de la tierra, se necesitarían 5.000 kilos por hectárea para cubrir los gastos. Los productores de Fucrea alcanzaron un rendimiento promedio de 5.080 kilos por hectárea el año pasado, lo que indica que, incluso con un clima favorable, sería preciso un desempeño excepcional para lograr la paridad. El aumento de los costos se concentra en los fertilizantes nitrogenados, que saltan de US$ 140 a US$ 238 por hectárea, mientras que la aplicación de NPK se mantiene en US$ 89/ha. Otros insumos disminuyen de US$ 177 a US$ 166/ha debido a menores precios de semilla y preemergentes. Los costos de labores suben US$ 4, llegando a US$ 224, y en la postcosecha, el flete se mantiene estable en US$ 16,5 por tonelada (para un viaje de 60 km), mientras que el secado se ajusta de US$ 10 a US$ 10,6 por tonelada este año. No obstante, surge la incógnita geopolítica: ¿cuál será el precio del gasoil a lo largo del año, especialmente en mayo, al inicio de la siembra?
El trigo se distingue por ser el cultivo de invierno con mayor crecimiento en rendimiento, con un aumento anual de 211 kilos en la última década, impulsado por mejoras genéticas y de paquete tecnológico, explicó Invernizzi. La cebada incrementa su rendimiento en 144 kilos por año, mientras que la colza muestra un avance «bastante estancado», con solo 31 kilos anuales.
Para la cebada, los costos aumentan este año en US$ 97 por hectárea, alcanzando los US$ 906 (sin renta ni imprevistos), un 12% más que el año anterior, según el presupuesto de Sofoval, debido al salto del precio de la urea de US$ 140 a US$ 238/ha. El rendimiento de equilibrio sube de 4.000 a 4.100 kilos por hectárea. El resto de los insumos se estima en US$ 200, US$ 10 menos que en 2025, por la reducción en precios de semilla (de US$ 75 a US$ 68/ha), graminicidas, fungicidas y herbicidas.
La colza, en las proyecciones de Sofoval, muestra un costo sin renta ni imprevistos que asciende en US$ 133 por hectárea, pasando de US$ 670 a US$ 803. La diferencia es mayor que en los cereales, ya que al alza del precio de la urea (principal causa del incremento general de costos), se suma en el caso de Sofoval un ajuste de 130 a 150 kilos por hectárea en las aplicaciones respecto al año anterior. Esto prácticamente duplica el costo de la urea por hectárea, de US$ 121 a US$ 238 en 2026. La fertilización se complementa con Supersimple, que sube de US$ 75 a US$ 86 por hectárea. Los costos de flete y secado para la colza se mantienen estables respecto a 2025, con un ligero aumento de US$ 8 (a US$ 270/ha) en las labores y de US$ 4 (a US$ 111) en la postcosecha. El menor tonelaje producido por hectárea, con un mayor valor por tonelada, mitiga el impacto en los costos. Estos valores de referencia pre-siembra están sujetos a variaciones, especialmente en función de la evolución de los precios de fertilizantes y combustibles. La urea, presupuestada en abril a US$ 793 por tonelada, es la variable más incierta y genera dudas sobre su valor y disponibilidad en el momento de las refertilizaciones.
**Fucrea y los rendimientos necesarios**
Mathías Soumastre presentó la presupuestación de Fucrea para la zafra 2026/27, con un costo por hectárea de trigo que se eleva en US$ 118, alcanzando US$ 854. El de cebada aumenta US$ 46, hasta US$ 839/ha, y la colza suma US$ 176, con un presupuesto de US$ 713 por hectárea este año, frente a US$ 537 en la zafra anterior. Los rendimientos de equilibrio antes de la renta se estiman en 4.449 kg/ha para trigo, 3.599 para cebada y 1.396 para colza.
¿Qué tan alcanzables son estos rendimientos? En los últimos dos años, el 57% de las empresas logró el rendimiento mínimo en trigo, el 87% en cebada y el 83% en colza. El rendimiento de equilibrio considerando la renta es mucho más exigente: 5.334 kilos para trigo, 4.294 para cebada y 1.693 para colza. Solo el 24% de las empresas CREA alcanzó el rinde requerido para trigo en 2024 y 2025, el 66% para cebada y el 66% para colza. “La diferencia entre trigo y cebada es casi puramente una cuestión de precio”, afirmó Soumastre, “lo que deja al trigo en una situación algo más complicada con los precios actuales y los fertilizantes caros”. Para la colza, incluso con rendimientos de 1.700 kilos por hectárea, el margen es positivo a los precios actuales, superiores a US$ 500 por tonelada.
**Costos al alza, precios de cereales lentos**
Los márgenes de rentabilidad proyectados antes de la siembra se han reducido al extremo en los cereales. La colza, a pesar de experimentar el mayor aumento relativo en sus costos, consolida su posición como el cultivo preferido por excelencia y el único que ofrece una garantía de margen positivo.
El precio estimado para el trigo es de US$ 220 por tonelada, superior al actual de US$ 190 por tonelada, con un rendimiento esperado de 4.500 kilos por hectárea según Sofoval. Una posible reducción global del área sembrada de trigo, impulsada por la presión de los fertilizantes, podría estimular los precios. Sin embargo, el rendimiento de equilibrio sin pago de renta se sitúa en 4.300 kg/ha, y el margen neto proyectado es de apenas US$ 50 por hectárea, el más estrecho de los tres cultivos. Cabe recordar que en 2025 el trigo también se presupuestó a US$ 220/ton, pero se comercializó por debajo (promedio US$ 190), en parte por la baja proteína que condujo a más trigo forrajero, que sí encontró un piso de demanda en corrales y tambos a precios que actualmente coinciden con el presupuesto. En Australia, la superficie de trigo se reducirá a su nivel más bajo en siete años (un 10% menos) en favor de la cebada y la colza, que requieren menos nitrógeno. No obstante, el impacto de estos cambios en el precio internacional es gradual, ya que la siembra en el hemisferio Norte está avanzada y no se ve afectada por el reciente aumento de fertilizantes y combustibles. Aún no hay estimaciones sobre el área triguera en Argentina.
La cebada ha mejorado su ecuación en las últimas semanas, aunque en un mercado menos demandante. Sofoval estima un precio de US$ 233 por tonelada, con un rendimiento esperado de 4.500 kg/ha, un rendimiento de equilibrio de 4.100 kg/ha (superior a los 4.000 kg/ha de la zafra pasada) y un margen neto proyectado de US$ 90 por hectárea. El área de cebada podría mantenerse o incrementarse ligeramente respecto al año anterior, que fue la más baja en ocho temporadas. Maltería Oriental prevé aumentar su superficie contratada de cebada de 62 mil a 75 mil hectáreas, mientras que Ambev proyecta una reducción de 80 mil a 70 mil hectáreas, en un contexto de menor demanda y mayores existencias. La ventaja estructural de la cebada sobre el trigo es la posibilidad de cerrar kilos a término, referenciados al 100% del precio del trigo de diciembre en la Bolsa de Chicago (que en las primeras dos semanas de abril fluctuó entre US$ 225 y US$ 235 por tonelada). Hace un año, el precio estimado era US$ 214, pero bajó a US$ 190 en cosecha. A diferencia del trigo, la buena calidad de la cebada en la zafra anterior resultó en un bajo porcentaje de rechazo en malterías, con un rendimiento medio-alto (más de 4.640 kg/ha), aunque el precio fue inferior al esperado (US$ 190 en lugar de US$ 200/ton), lo que arrojó un margen negativo de –US$ 13 en los promedios de Fucrea.
La colza, presupuestada por Fucrea a US$ 440 el año pasado, se comercializó a un promedio de US$ 500 en la cosecha, dejando un margen post-renta de US$ 149 por hectárea, solo superado por la carinata (US$ 175/ha). En la última semana, los productores han logrado cerrar ventas de colza a valores de US$ 510 a US$ 514 por tonelada, con precios fortalecidos por la apreciación del euro frente al dólar y referencias de US$ 580 a US$ 585/ton en el mercado Matif de París, de referencia para Uruguay. El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) estimó una producción de colza de 370 mil toneladas en la zafra 2025. Hasta el 15 de abril, se habían exportado 320 mil toneladas por un valor de US$ 167 millones, a un promedio de US$ 521 FOB por tonelada, según Aduanas. La colza se erige como el cultivo de invierno más estable, con una variación interanual de rendimiento que no excede el 11%, aunque requiere renovación genética y ajustes nutricionales para superar sus límites productivos actuales y no rezagarse en productividad. Este año han llegado al mercado nuevos materiales genéticos con mayor potencial de rendimiento, lo que podría impactar positivamente el resultado de la colza, se indicó. La variabilidad interanual del rendimiento del trigo es del 20%, y del 15% para la cebada, y la nutrición explica la mitad de esa variación en kilos producidos. “Nos estamos quedando cortos de nitrógeno”, afirmó Invernizzi. Pero, el precio de este insumo fundamental sigue ligado a la guerra que transcurre a miles de kilómetros de Uruguay.
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