La Tribuna del Agro: ¿Empleamos las razas ovinas más adecuadas?

La Tribuna del Agro: ¿Empleamos las razas ovinas más adecuadas?

junio 12, 2026 0 Por

Tras su participación en las Jornadas Uruguayas de Buiatría de 2026, el consultor Gianni Bianchi Olascoaga abordó una interrogante central en el sector ovino para La Tribuna del Agro: ¿estamos seleccionando las razas apropiadas? Su ponencia en el evento, organizado por el Centro Médico Veterinario de Paysandú (CMVP), titulada «Razas ovinas de pelo para la producción de carne en Uruguay: mitos, ventajas y limitaciones», fue uno de los puntos más relevantes.

En un artículo exclusivo para La Tribuna del Agro en El Observador, este especialista en ovinocultura enfatizó que «La discusión de fondo no es elegir entre lana o pelo, sino construir sistemas más productivos y rentables», una idea crucial entre sus reflexiones.

La población ovina uruguaya ha experimentado un descenso dramático, superando los 20 millones de cabezas perdidas en menos de treinta años. A menudo, esta retracción se vincula con cuestiones comerciales, sanitarias o de mercado. Sin embargo, Gianni Bianchi subraya que la futura competitividad del sector se asienta en dos pilares fundamentales definidos a nivel predial: la incorporación tecnológica y la selección genética. Si bien factores como la volatilidad de los mercados, las barreras arancelarias, la baja cotización de lanas gruesas, el abigeato, la depredación y la presencia de jaurías han sido señalados como causantes de la crisis, por sí solos no justifican la caída de un stock de más de 26 millones a menos de 5 millones de ovinos.

Bianchi cuestiona la persistencia de indicadores reproductivos y productivos por debajo del potencial de los sistemas contemporáneos, ubicando parte de la explicación en el ámbito de los propios establecimientos. A pesar de la existencia de tecnologías de proceso e insumo que demuestran mejoras sustanciales en la productividad, su implementación sigue siendo limitada. Incluso con una adopción generalizada de estas innovaciones, la genética mantendría un rol determinante en el resultado final. En este sentido, mientras que la tecnología permite aproximarse al máximo rendimiento, es la genética la que establece el verdadero límite o «techo» productivo.

Históricamente, la ovinocultura uruguaya se ha centrado en razas de doble propósito. Sin embargo, los sistemas más competitivos a nivel global han transitado hacia la especialización. La premisa es clara: prioritariamente, generar un mayor número de corderos para luego maximizar la producción de carne por cada uno. Por esta razón, naciones como Australia y Nueva Zelanda cimentan su eficiencia en la combinación de razas maternales de alta prolificidad con cruces terminales especializados en carne. La prolificidad es, por tanto, el motor esencial del sistema; sin un incremento en la cantidad de corderos, ninguna tecnología logrará multiplicar la producción cárnica. Las razas maternales, como Highlander y Border Leicester, elevan el número de corderos por oveja anualmente, mientras que las razas terminales (Southdown, Ile de France y Poll Dorset) contribuyen al crecimiento, conformación y rendimiento de la canal. Los esquemas más avanzados integran ambas tipologías.

Los avances productivos más significativos emergen de la sinergia entre diversas tecnologías. La integración estratégica de la genética, el manejo adecuado, las mejoras en infraestructuras y la fase de terminación, puede disparar la producción de carne por hectárea en más de veinte veces. Adicionalmente, el uso de corrales, más allá de potenciar el crecimiento y el rendimiento en canal, actúa como un «segundo nivel» del predio, al liberar pastizales que pueden ser destinados a la invernada de corderos provenientes de otras explotaciones.

El interés en las razas ovinas de pelo ha aumentado considerablemente, impulsado por la devaluación de las lanas medias y gruesas, los elevados costos de esquila y las complejidades en su comercialización. No obstante, Bianchi advierte que no se trata de una única «raza de pelo», sino de diversas opciones con distintas virtudes y limitaciones. Además, el proceso de deslanado natural no es siempre uniforme ni exento de costos. La ausencia de lana es solo una entre múltiples características. El debate fundamental, por tanto, no debe residir en la dicotomía «lana o pelo», sino en la identificación de la genética que maximice la producción de corderos, la carne y, en última instancia, la rentabilidad.

Un peligro latente es la tendencia a examinar las razas ya existentes en lugar de priorizar la identificación de las más prometedoras y someterlas a validación exhaustiva bajo las condiciones específicas de Uruguay. Hay más de un centenar de razas de pelo a nivel global, y su diversidad impide considerarlas un grupo homogéneo. La Katahdin, por ejemplo, surge como una opción digna de estudio en el contexto uruguayo, si bien la información internacional no puede reemplazar la investigación autóctona. Antes de impulsar cualquier transformación, es crucial contrastar estas razas con los genotipos superiores ya presentes, a través de evaluaciones rigurosas y de larga duración. La historia de la producción animal está plagada de casos donde la tendencia prevaleció sobre la evidencia científica. La ovinocultura uruguaya debe evitar caer en esta trampa. El meollo de la cuestión no radica en la elección entre lana o pelo, sino en erigir sistemas que sean intrínsecamente más productivos y rentables. Se requiere una dosis menor de fervor y una mayor de respaldo empírico. Las tendencias son efímeras; los sistemas productivos exitosos, perduran.

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