Conrado Ferber, expresidente del INAC, cuestionó el valor de la suprema y habló de un "lobby poderoso"

Conrado Ferber, expresidente del INAC, cuestionó el valor de la suprema y habló de un "lobby poderoso"

junio 5, 2026 0 Por

TÍTULO: Expresidente del INAC Conrado Ferber critica alto precio del pollo en Uruguay y denuncia «lobby poderoso»

CUERPO:
Conrado Ferber, expresidente del Instituto Nacional de Carnes (INAC), ha puesto en cuestión el valor de la carne de pollo en Uruguay, señalando que, a diferencia de gran parte del mundo, no es una proteína económica y accesible. En particular, Ferber destacó que la «suprema» (pechuga de pollo) se comercializa a un costo casi idéntico al de un corte vacuno.

El también productor agropecuario, quien presidió el INAC durante la administración de gobierno anterior, describió esta situación como una anomalía. Según Ferber, no se debe a la eficiencia productiva ni a la capacidad de conversión del animal, sino a una compleja estructura político-empresarial que ha mantenido blindado al sector avícola desde el fracaso de su incursión exportadora a Venezuela.

En una columna de opinión publicada en el sitio especializado atomorural.com, Ferber profundizó sus argumentos. Identificó la influencia de un «lobby poderoso», la existencia de un mercado cautivo con precios elevados y una calidad cuestionable, lo que ha impulsado un contrabando imparable desde Brasil. El alto costo local del pollo, afirmó, facilita la entrada ilegal de productos en condiciones sanitarias precarias.

Ferber planteó una pregunta fundamental: «¿El país seguirá sosteniendo un sistema que condena al consumidor a pagar caro por un pollo de dudosa calidad, o se animará a abrir el juego, con reglas claras y estándares internacionales, para transformar de verdad la industria y posicionar a Uruguay como un actor relevante en el mercado global?» Consideró que la protección actual impide el desarrollo de un rubro del que dependen muchas familias.

En su artículo, titulado «Costos y riesgos de proteger al pollo», Ferber detalla que la protección se traduce en restricciones a la importación —limitada al 5% del consumo—, permisos otorgados por sorteo y exigencias técnicas que dificultan la entrada de producto extranjero. Mencionó la reducción de la vida útil del congelado importado a diez meses, por debajo del estándar global de doce, lo que permite que el pollo local se venda apenas por debajo de la carne vacuna, generando «márgenes extraordinarios o disimulando ineficiencias».

Según el expresidente del INAC, este poderoso lobby ha logrado instalar «argumentos culturales» para eludir inversiones en estándares internacionales de enfriado o sistemas HACCP, resultando en un mercado cautivo donde el consumidor subvenciona la ineficiencia de un modelo que no cumple con los requisitos de la mayoría de los mercados externos.

Además de los riesgos económicos, el alto precio del pollo local ha fomentado un contrabando desde Brasil en condiciones sanitarias deficientes, sin cadena de frío adecuada ni controles de inocuidad. Esto, advirtió Ferber, «multiplica los riesgos para la salud pública» y evidencia una paradoja: la misma protección que encarece el producto facilita un circuito informal peligroso.

Ferber también destacó el riesgo económico latente. Uruguay, con granos baratos y abundante agua, posee condiciones ideales para una avicultura moderna. Sin embargo, si inversores con plantas automatizadas y estándares internacionales llegaran al país, podrían desplazar rápidamente a los actores actuales, quienes, a pesar de sus inversiones en infraestructura, mantienen un modelo poco competitivo. La industria local, protegida, «podría quedar fuera de juego en poco tiempo», sostuvo.

Refutó el argumento de una supuesta falta de recursos, señalando que, a través de exoneraciones de la COMAP, se han invertido «cifras millonarias» en plantas de silos, granjas propias e incluso ampliaciones industriales, pero siempre «sobre el mismo sistema ineficiente y obsoleto».

Ferber concluyó enfatizando que es crucial decidir si Uruguay continuará apoyando un sistema que obliga a los consumidores a pagar caro por un pollo de calidad incierta, o si optará por abrir el mercado con regulaciones claras y estándares internacionales. Solo así, afirmó, se podrá transformar la industria, posicionar a Uruguay globalmente y desarrollar un sector vital, que actualmente enfrenta «riesgos económicos, políticos y sanitarios» mientras se mantenga protegido.

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