Cereales bajo fuego: el shock en los fertilizantes eleva los márgenes de equilibrio a niveles críticos
marzo 21, 2026TÍTULO: Cereales en Jaque: El Impacto de los Fertilizantes Dispara los Márgenes de Equilibrio a Niveles Críticos
CUERPO:
La perspectiva para la siembra de cultivos de invierno ha empeorado drásticamente en la última semana. Lo que inicialmente era una planificación rigurosa en un contexto de costos crecientes y gran volatilidad, ahora se ha convertido en una ardua tarea para los productores, quienes luchan por proyectar márgenes de rentabilidad positivos. Esta coyuntura se debe, principalmente, a la imparable escalada de los precios de los fertilizantes.
A los desafíos internos se suma un factor externo crucial: la escalada bélica, que intensifica el «costo país» al comprometer la disponibilidad de insumos, encarecer los fletes marítimos y alterar las rutas comerciales. Los recientes ataques a infraestructura gasífera vital en Irán y Catar, fuentes esenciales para la producción de urea y fertilizantes nitrogenados, han tenido un efecto devastador en la estructura de costos agrícolas de Uruguay. Las consecuencias fueron inmediatas: el precio del gas en Europa se disparó un 28% en un solo día, la urea registró aumentos de hasta el 7%, y el petróleo escaló a US$ 114 por barril, consolidándose por encima de los US$ 105, lo que representa un incremento del 67% desde enero. En Uruguay, el costo de la urea puesta en puerto ha pasado de US$ 550-600 a cerca de US$ 800 en pocos días.
La influencia de estos costos sigue empujando los rendimientos de equilibrio a niveles que exigen una urgente reevaluación de los planteos invernales. La incertidumbre sobre hasta dónde seguirán subiendo los fertilizantes nitrogenados, fosfatados y azufrados —que ya acumulan incrementos del 30% al 40% desde el inicio del conflicto— impone una carrera contra el tiempo para la adquisición de insumos, ya que muchos proveedores no garantizan precios.
Frente a este panorama, una de las pocas certezas es el previsible aumento del área destinada a la colza, que podría superar las 300 mil hectáreas, en contraste con las 254 mil previas, impulsada por la alta demanda de semillas. Expertos del sector, como el coordinador agrícola ganadero de Fucrea, Nazar Rodríguez, señalan que «es el único cultivo que ofrece cierta seguridad en el margen», especialmente buscando rendimientos superiores a los 2.000 kg/ha, por encima de la media de 1.700 kg/ha de los últimos cinco años. Los precios mundiales de los aceites se han fortalecido ante el alza de los hidrocarburos, manteniendo un atractivo diferencial para las oleaginosas de invierno sobre la soja y los cereales. Las primeras negociaciones de colza se cerraron entre US$ 495 y US$ 500 por tonelada, unos US$ 15 más que al inicio del ciclo anterior. Por su parte, el trigo comenzó a cotizarse a US$ 195 por tonelada, un valor que sorprendió positivamente dadas las previas referencias de US$ 180 y la abundancia del grano argentino.
Aunque la campaña anterior con costos de fertilizantes ya era complicada, la situación actual parece insostenible, con productores expresando en la Expoactiva de Soriano que «con un rendimiento de equilibrio de 5.000 kg/ha, la planilla no da positivo». Sin embargo, existe una tenue esperanza de que el conflicto eleve aún más los precios del trigo en Chicago, lo que ya ha permitido cerrar precios de cebada en torno a US$ 235 por tonelada, superando los del año pasado. Pero la mayor preocupación sigue siendo la incertidumbre de los costos.
A pesar de la adversidad, «el invierno se va a hacer, es importante mantener la rotación, pero no a costa de perder dinero», afirma Rodríguez. Esto podría significar una reducción del área de invierno, especialmente en trigo, desde las 678 mil hectáreas estimadas para la zafra 2025/26. Con rendimientos de 5.000 kilos de trigo por hectárea, el margen el año pasado fue de US$ 80, lo que hoy resulta poco motivador. Otra alternativa explorada es la ganadería, a través de verdeos, donde sembrar raigrás con urea y buscar una producción de carne específica podría ser viable, evaluando cada situación particular. La cebada, con intenciones de incrementar su superficie tras la fuerte caída del 40% el año pasado, ha visto una mejora en su precio, permitiendo fijaciones hasta US$ 50 por encima del promedio de US$ 190 de la campaña anterior.
Más allá de la estrechez de los números, la calidad del grano, particularmente el contenido proteico, se ve directamente afectada por las decisiones tecnológicas. Reducir el nitrógeno, por ejemplo, podría devaluar el trigo a unos US$ 150 por tonelada, advierten los especialistas. Para ilustrar la gravedad, los datos de Sofoval y las proyecciones para 2025/2026 revelan el rol crítico de los fertilizantes. En trigo y cebada, la urea y NPK representaban cerca del 27% del costo total de siembra en 2025 (unos US$ 230). Con un aumento del 40%, ahora constituirán el 35% del costo, unos US$ 320 por hectárea, el equivalente a casi 1.700 kilos de trigo al precio actual de US$ 195/ton. Los costos totales sin considerar la renta podrían subir unos US$ 100 por hectárea, pasando de US$ 830 a US$ 930. A esto se sumarán los inminentes aumentos en el precio del gasoil y los fletes, previstos para mayo, una vez que Ancap revise su paramétrica con los nuevos precios del petróleo y un dólar más elevado.
El dilema actual es de alcance global. El encarecimiento y la incertidumbre en el suministro de insumos clave afectan la próxima siembra de maíz y soja en EE.UU., así como la de trigo de primavera, lo que podría fortalecer los mercados de cereales a mediano plazo. Sin embargo, el aumento de costos es inmediato. «La curva de costos asciende vertiginosamente, desfasada de la de precios de los productos», señaló el agricultor Nicolás Martínez en un evento de LDC en la Expoactiva Nacional. Lo más preocupante no es solo el precio, sino la disponibilidad. «Hoy preocupa más la disponibilidad que el precio», advierte Josh Linville, analista de StoneX. Incluso si el conflicto cesara hoy, el daño ya está hecho; la cadena de suministro global —con barcos, puertos y plantas suspendidas— tardaría meses en normalizarse. El Cono Sur, geográficamente distante de los principales centros de producción de fertilizantes en Medio Oriente, Rusia y el norte de África, es particularmente vulnerable a los tiempos logísticos y los costos de transporte, lo que acorta drásticamente los plazos para asegurar la llegada de fertilizantes nitrogenados y fosfatados a Uruguay.
En 2025, el 42% de la urea importada por Uruguay provino de países de Medio Oriente (Catar, Omán, Emiratos Árabes Unidos) cuya producción y distribución de petróleo, gas y subproductos como fertilizantes están hoy comprometidas. Aunque a principios de 2026, Uruguay ha diversificado sus proveedores, recurriendo a Turkmenistán (47%), Argelia (37%) y Rusia (15%), la situación es precaria. Brasil, el mayor importador mundial de fertilizantes con 49 millones de toneladas en 2025 (el 85% de su consumo), adquirió más del 40% de sus insumos del Golfo Pérsico, lo que lo deja en una posición muy expuesta ante un posible cierre prolongado del Estrecho de Ormuz. El ministro de Agricultura de Brasil, Carlos Favaro, reportó un aumento del 35% en los precios de la urea en pocos días, con algunos vendedores incluso suspendiendo la comercialización. Las importaciones de urea brasileñas cayeron un 33% en los primeros dos meses del año, reflejando existencias limitadas. Agosto se perfila como un mes crítico para Brasil, previo a la siembra de soja y maíz, cultivos donde los fertilizantes representan cerca del 40% del costo total. Para agravar la escasez global, China ha restringido aún más las exportaciones de mezclas de fertilizantes de nitrógeno, potasio y ciertas variedades de fosfato desde principios de marzo para proteger su mercado interno. Sumado a las prohibiciones y cuotas ya existentes para la urea, esta medida retira aproximadamente 40 millones de toneladas de productos del mercado global.
En el ámbito nacional, los productores enfrentan esta crisis en un momento de gran vulnerabilidad, luego de una campaña de verano marcada por una severa sequía que mermó significativamente los rendimientos de soja y maíz. La soja apenas alcanzó los 1.500 kilos por hectárea, menos de la mitad del rendimiento anterior, con cifras aún más bajas en las zonas más afectadas del sureste (1.000 a 1.200 kg/ha) y algo mejores al norte del río Negro (1.500 a 2.000 kg/ha). Con un bolsillo castigado, la necesidad de recuperar terreno en invierno es palpable, pero la realidad es desalentadora: mientras los costos de los insumos se disparan de forma acelerada, los precios de los granos aumentan a un ritmo mucho más lento. Aunque el trigo muestra cierta recuperación y la cebada presenta valores más atractivos que el mes pasado, la relación insumo-producto se ha deteriorado notablemente.
Esta difícil coyuntura subraya la importancia de estrategias de manejo más eficientes, como el cuidado del suelo, una dosificación precisa y evaluada de fertilizantes, el encalado de suelos acidificados y la gestión inteligente de las reservas de fósforo en el suelo. Una posible reducción del área cultivada implicaría la exclusión de zonas marginales, priorizando las mejores parcelas con buenos niveles de nutrientes y liberación temprana, dejando las áreas menos fértiles para opciones de menor riesgo, como los verdeos. Las próximas semanas se perfilan con gran incertidumbre. Al alza de los fertilizantes se sumará el seguro incremento de los combustibles en Uruguay a partir del 1º de mayo. La agricultura se encuentra en una encrucijada compleja, aunque, según algunos, no tan crítica como en 2023. La siembra de invierno se llevará a cabo, pues la rotación lo exige y el campo no se detiene. Sin embargo, el margen de error para los productores ha sido aniquilado bajo el impacto de la actual crisis.
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