Productores de Salto Enfrentan Devastación Tras Brutal Temporal: Testimonios de Resistencia
julio 21, 2026El departamento de Salto, en Uruguay, ha sido escenario de una profunda devastación para sus productores agrícolas, tras un potente temporal de viento que azotó la región en la madrugada del sábado 18 de julio de 2026. El caso de Robert Farías, uno de los tantos granjeros afectados, ilustra la magnitud de los daños. Mientras el fenómeno meteorológico arrasaba con cientos de explotaciones, Robert se encontraba durmiendo en su hogar rural, una circunstancia que, según reflexiona, lo salvó de un peligro mayor. Afortunadamente, no estaba despierto, ya que su instinto habría sido intentar intervenir en medio de la tormenta, lo que podría haber resultado aún más peligroso.
**Declaración de Emergencia Agrícola**
Ante la magnitud de los estragos, el gobierno, a través de la Junta Nacional de la Granja (JUNAGRA), declaró el lunes 20 de julio el estado de emergencia agrícola para Salto. Esta medida busca facilitar la implementación de ayudas y asistencias para los granjeros golpeados por el vendaval del sábado. Se estima que 300 sistemas productivos, distribuidos en una superficie equivalente de 300 hectáreas, sufrieron perjuicios que van desde daños parciales hasta la destrucción total de sus instalaciones.
**El Despertar a la Desolación de Robert Farías**
Robert Farías, un granjero de la Colonia 18 de Julio, en el kilómetro 493,5 de la Ruta 3, relató a un medio local su experiencia. La madrugada del sábado, alrededor de las 3:20, él dormía profundamente. «No escuché absolutamente nada», afirmó, «lo que fue una inmensa suerte, porque de haber estado despierto, seguramente habría intentado actuar para salvar algo, y las consecuencias pudieron ser peores para mi integridad física». Lo más importante, subrayó, fue que su familia resultó ilesa, ya que las pérdidas se limitaron estrictamente a lo material. El impacto del vendaval, con ráfagas que superaron los 130 km/h y que lamentablemente cobraron una vida en la región, se hizo evidente para Robert recién al amanecer. Fue a través de un grupo de WhatsApp de Salto Hortícola donde los colegas comenzaron a compartir la magnitud de la tragedia. Al salir de su casa, la visión de los destrozos lo dejó en un estado de completa incredulidad ante la escena de desolación.
El predio de Robert Farías sufrió una destrucción considerable. El vendaval derribó el 80% de sus invernáculos, resultando en la pérdida de entre 3.000 y 4.000 metros cuadrados de infraestructura vital dedicada al cultivo de tomate y morrón, que abastecen al mercado local. «Todo quedó completamente por el suelo, un panorama desolador», lamentó, aunque logró salvar parte de su producción de tomate cherry. Los macrotúneles de hierro destinados al cultivo de frutilla, que abarcaban unos 3.000 metros cuadrados, fueron «arrasados y aplastados» por la fuerza inaudita del viento. Además, un vivero donde se encontraban las delicadas almacigueras «desapareció por completo, como si nunca hubiera existido», y un galpón grande donde guardaba el tractor, los insumos y los cajones para la cosecha, quedó «totalmente deshecho, el viento no dejó absolutamente nada en pie». La magnitud de las pérdidas materiales es tal que Robert prefiere no calcularlas aún, abrumado por la situación. Aunque una parte de su infraestructura estaba asegurada, no cubre la totalidad, ya que las pólizas suelen excluir invernáculos con cierta antigüedad. Anticipa que el proceso de recuperación, que con suerte podría ascender a un 60% o 70% del valor, será lento y engorroso, implicando la presentación de denuncias, la espera de peritajes y una considerable dosis de paciencia. A pesar de la abrumadora adversidad, Farías muestra una resiliencia forjada por experiencias pasadas. «Estoy lamentablemente acostumbrado a estos golpes», señaló, refiriéndose a los daños anuales por viento que suelen afectarlo. «Un temporal los rompe, los arreglo, viene otro, los rompe de nuevo y los arreglo otra vez… No queda más que seguir adelante, afortunadamente solo hubo pérdidas materiales y lo más importante es que mi familia está bien».
**La Advertencia y el Desastre de Franco Bordenave**
Franco Bordenave, otro productor gravemente afectado, se encontraba descansando en la ciudad, a unos cinco kilómetros de su campo productivo, donde sí estaban sus padres y su hermana. La alarma llegó en plena madrugada por parte de su vecino del campo de enfrente, cuya propia granja sufrió pérdidas totales, con una advertencia contundente y premonitoria: «Venite y preparate para lo peor». El sistema productivo de Franco, ubicado estratégicamente al norte de Salto capital, en la Colonia Osimani y Llerena, cerca del río Uruguay y antes de la represa, fue igualmente golpeado con saña por el temporal. «Al llegar, la escena era dantesca; me encontré con la magnitud del desastre que el temporal dejó a su paso», relató. En apenas «diez minutos, o quizás incluso menos, el vendaval derribó todos mis invernáculos, los tiró al suelo sin excepción, y arrancó la mitad del techo de mi galpón de packing, dejándolo inservible».
Los daños en el predio de Franco Bordenave no se limitan exclusivamente a la infraestructura. Se reportan cuantiosas pérdidas en cultivos en plena producción como tomate, morrón, pepino y frutilla, además de los ingentes gastos que implica la tarea de reconstruir y reorganizar todo. La mañana del sábado, la prioridad fue, al igual que en muchas otras granjas damnificadas, intentar rescatar la mayor cantidad posible de frutillas y morrones que pudieran salvarse, y asegurar provisionalmente algunas áreas techadas para proteger lo poco que quedaba de la producción. Al igual que Robert, Franco cuenta con pólizas de seguros, aunque estas no cubren la totalidad de su explotación. La fase siguiente a la emergencia, compartida por todos los afectados, incluye documentar minuciosamente los daños con fotografías, presentar las denuncias correspondientes y aguardar los procedimientos burocráticos para intentar recuperar parte de lo perdido y poder empezar de nuevo.
**El Impacto en el Espíritu Granjero: Un Golpe Profundo**
Más allá de las cifras económicas y los desafíos logísticos de la reconstrucción, Franco destacó el profundo impacto emocional y anímico que esta tragedia ha causado. «El golpe más grande y difícil de asimilar está en el ánimo de todos nosotros», afirmó, describiendo el esfuerzo inmenso, la cuantiosa inversión de años de trabajo y los ya estrechos márgenes de ganancia que caracterizan su ardua labor. Situaciones extremas como esta «llevan a uno a cuestionarse todo, tanto esfuerzo, tanta inversión, esto nos deja muy mal y hace que uno se replantee cada decisión». Sin embargo, consciente de que la agricultura es su vocación, su sustento y su pasión, su perspectiva es a la vez pragmática y esperanzadora: «Hay que tomar un respiro, esperar a enfriar un poquito la cabeza para ver con claridad, actuar con celeridad en todo lo que sea urgente y se pueda, y luego planificar a largo plazo cómo vamos a salir adelante».
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