** Uruguay y la Garrapata: De la Resistencia Química a la Promesa de la Edición Génica

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** Uruguay y la Garrapata: De la Resistencia Química a la Promesa de la Edición Génica **

junio 1, 2026 0 Por

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La creciente proliferación de garrapatas en el ganado uruguayo está intensificando una batalla que genera pérdidas superiores a los US$ 90 millones anuales. Ante la limitada eficacia de los métodos tradicionales, la comunidad científica explora en la edición génica una vía innovadora para enfrentar a este parásito que desafía constantemente las estrategias de control.

La presencia de la garrapata bovina se expande progresivamente en Uruguay, un fenómeno que se inscribe en un contexto global de avance de plagas. El incremento de las temperaturas a nivel mundial impulsa la migración de diversos patógenos y organismos invasores de norte a sur en este hemisferio, como se ha visto con la mosca de los cuernos, virus como el Zika o el Dengue, y malezas como el capín Annoni. En sentido inverso, la mosca de la bichera se ha aproximado a Estados Unidos desde Centroamérica, impactando seriamente las exportaciones de terneros. La garrapata, una especie originaria de la India, representa una de estas invasiones, amenazando la ganadería uruguaya en un momento económico favorable.

Un informe de 2025 del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) cifra el impacto económico de la garrapata en el sector ganadero uruguayo en aproximadamente US$ 92 millones anuales, lo que equivale al 3,4% del valor de la producción primaria de carne. Este costo se desglosa principalmente en US$ 30 millones por mortandad de ganado debido a enfermedades transmitidas, como la Tristeza Bovina. Otros US$ 17 millones corresponden a la pérdida de peso de los animales (cerca de 40 kg por cabeza en vaquillonas, novillos y vacas de invernada). El desembolso en productos veterinarios, incluyendo baños y tratamientos ‘pour-on’ para los más de 5,4 millones de vacunos tratados en 2025, asciende a US$ 27 millones, con un costo promedio de US$ 0,6 por aplicación. Finalmente, la mano de obra dedicada a la vigilancia y tratamientos suma otros US$ 17 millones.

La persistente resistencia de las garrapatas a los tratamientos químicos actuales representa un desafío crucial. Aunque los productos eliminan a la mayoría, los individuos con combinaciones genéticas que les permiten sobrevivir se reproducen, transmitiendo esta resistencia a las siguientes generaciones. La intensificación del movimiento de ganado, donde animales de regiones como Artigas o Rivera pueden ser trasladados a San José o Colonia, facilita la dispersión de estas cepas resistentes. En el norte del país, muchos establecimientos ya enfrentan garrapatas inmunes a casi todos los acaricidas disponibles, salvo aquellos de última generación que, además de ser más costosos, también corren el riesgo de desarrollar resistencia en el futuro. Esta situación ha obligado a replantear el objetivo, pasando de la erradicación al control del parásito. Adicionalmente, el riesgo de residuos químicos en la carne es una preocupación creciente para los mercados internacionales, como lo ha advertido China. Un antecedente es la prohibición del Ethion en 2016 en Uruguay tras la detección de sus restos en carne exportada, evidenciando la necesidad de respetar estrictos tiempos de espera entre la aplicación de productos y la faena.

Las condiciones climáticas, con primaveras lluviosas como la actual y las esperadas, favorecen la proliferación de garrapatas. Frente a este panorama, el Dr. Pablo Parodi, especialista de la Plataforma de Salud Animal del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), recomienda adoptar buenas prácticas de manejo. Estas incluyen la rotación con ovinos y verdeos, que contribuyen a reducir la presencia de parásitos en los campos, así como la mejora de infraestructuras con doble alambrado y potreros de cuarentena para el ganado recién incorporado. En áreas infestadas, es fundamental realizar pruebas de resistencia a los productos químicos y elaborar un plan sanitario anual detallado con un veterinario. Si bien el control biológico mediante hongos que devoran garrapatas suscita gran interés, su aprobación oficial se ve demorada por la necesidad de más pruebas concluyentes. Es importante recordar que las garrapatas visibles en un animal son solo la punta del iceberg, ya que por cada una en el vacuno, se estima que hay veinte más ocultas en el pasto.

La urgencia del problema ha impulsado encuentros regionales, como el celebrado en Salto con delegados de Uruguay, Argentina, Brasil y Paraguay, buscando coordinar una estrategia común. Paralelamente, el Instituto Pasteur ha compartido los avances de su investigación para desarrollar una vacuna contra la garrapata, si bien las conclusiones indican que se trata de una vía promisoria pero que requiere un esfuerzo continuado a largo plazo. En este marco, el productor y veterinario Rafael Menéndez ha propuesto una «estrategia inteligente», que implica una regionalización precisa del país, diferenciando zonas rojas de alta infestación (principalmente en el norte), zonas amarillas con presencia moderada y zonas verdes libres del parásito. Su enfoque sugiere la necesidad de tres estrategias adaptadas a cada realidad.

Un pilar fundamental de la propuesta de Menéndez es la vacunación masiva y sin restricciones de todo el ganado contra la Tristeza Bovina, una enfermedad transmitida por la garrapata. Actualmente, se administran entre 500.000 y 530.000 hemovacunas anualmente, proporcionando inmunidad de por vida a terneros de 3 a 9 meses contra la enfermedad o la pérdida de peso. Esta cifra representa solo el 28% de los terneros en las zonas de control (principalmente al norte del Río Negro). Aunque el costo de estas vacunas (entre US$ 2,5 y US$ 4 la unidad) es cubierto por los productores, se estima un desembolso total de US$ 1 millón anual. Alejo Menchaca, coordinador de la Plataforma de Investigación en Salud Animal del INIA, enfatiza la necesidad de invertir para ampliar la producción y alcanzar una inmunidad de rebaño más efectiva. Menéndez también señala una posible correlación entre las zonas más forestadas del país y la alta infestación de garrapatas, sugiriendo una causalidad biológica y operativa en su propagación.

En este panorama, la edición génica emerge como una innovadora frontera de esperanza. Investigadores del INIA, liderados por Alejo Menchaca, están desarrollando un sistema que busca la autodestrucción de la población de garrapatas. La técnica consiste en liberar machos genéticamente modificados con una característica específica. Al cruzarse con hembras silvestres sobre el ganado, toda la descendencia femenina muere, mientras que los machos sobreviven y conservan la capacidad de transmitir este rasgo. Con el paso de las generaciones, se prevé una drástica reducción y eventual desaparición de las hembras de la población, lo que llevaría a la erradicación del parásito del territorio. Este proyecto, pionero en Uruguay y en colaboración con universidades estadounidenses, es crucial dado que países sin este problema (como Estados Unidos o Europa) no están invirtiendo en soluciones para América, destacando la necesidad de un desarrollo local. La limitación de recursos humanos especializados en el tema en Uruguay también subraya la urgencia de estas iniciativas.

Los desafíos inmediatos se centran en asegurar la inocuidad alimentaria y evitar la presencia de residuos químicos en la carne, protegiendo así los mercados de exportación. A mediano plazo, el objetivo es lograr un retroceso del invasor, a pesar de que el clima (como el fenómeno de El Niño) favorece su reproducción masiva, como se ha visto desde el fin de la sequía de 2023. Esta «guerra» contra la garrapata, aunque de menor escala comparada con conflictos globales, comparte paralelos en su complejidad. El éxito definitivo requiere de acuerdos políticos sólidos para una inversión seria y coordinada, que ponga en juego los más de mil millones de dólares que representa la exportación de carne. Esto implica definir montos, fuentes de financiación y mecanismos de inversión. Además, se hace indispensable una coordinación interministerial, por ejemplo, para abordar el problema del ganado que pasta en banquinas. El diseño de políticas que fusionen ciencia y estrategia es un desafío pendiente, y sin el financiamiento adecuado para la logística de este combate, las victorias serán difíciles de consolidar.

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